Como cirujano plástico con más de 25 años de experiencia, una de las preguntas más frecuentes que recibo en consulta es cuál técnica de rinoplastía es mejor: la rinoplastía abierta o la rinoplastía cerrada. En realidad, ambas son herramientas valiosas que utilizo dependiendo de las características del paciente, la estructura nasal y los objetivos de cambio. No existe una técnica universal para todos; existe la técnica adecuada para cada caso. Mi responsabilidad, como Dr. Guanilo, es evaluar todas las variables y elegir la alternativa más precisa, segura y acorde a los resultados que buscamos lograr.
La rinoplastía es una de las cirugías faciales más delicadas, porque la nariz no solo define la armonía del rostro, sino que también cumple una función respiratoria esencial. Además, cada nariz es completamente distinta: piel gruesa o delgada, cartílagos más fuertes o más flexibles, desviaciones septales, asimetrías, traumas previos y, por supuesto, expectativas estéticas personales. Por todo ello, la técnica elegida debe adaptarse anatómicamente y estratégicamente a cada paciente.
Rinoplastía abierta: máxima precisión y control
La rinoplastía abierta es una técnica que realizo ampliamente, especialmente en casos que requieren alta precisión. Consiste en realizar una pequeña incisión en la columela (la piel entre ambos orificios nasales), lo que permite levantar la piel y exponer toda la estructura interna de la nariz. Esta visión completa me brinda la posibilidad de trabajar con ambos cartílagos de manera simétrica, reforzar estructuras que están debilitadas, corregir desviaciones marcadas y tallar con precisión la punta nasal.
Uno de los grandes beneficios de la rinoplastía abierta es que me permite un control absoluto sobre la anatomía. Cuando la nariz presenta irregularidades complejas, como un dorso muy ancho, una punta bulbosa, narices asimétricas o secuelas de cirugías previas, la exposición directa del armazón nasal facilita un resultado más predecible. En pacientes de piel gruesa, por ejemplo, la rinoplastía abierta también ofrece ventajas: puedo definir la punta con suturas estructurales que sostienen y proyectan sin colapsos a futuro.
Muchos pacientes preguntan por la cicatriz. Es comprensible que exista esta preocupación, pero debo aclarar que la incisión es mínima y, con una buena técnica, cicatriza prácticamente de manera imperceptible. En mis más de 25 años operando, he observado que en la gran mayoría de casos la cicatriz se vuelve casi invisible a los pocos meses. Además, la posibilidad de lograr un resultado simétrico, natural y estable en el tiempo suele ser mucho más relevante que esta pequeña marca.
La rinoplastía abierta también es la técnica ideal cuando realizo rinoplastía funcional combinada, es decir, cuando corrijo tanto la estructura estética como problemas respiratorios. Al levantar la piel y ver toda la anatomía, puedo enderezar el tabique, reforzar válvulas nasales y equilibrar la función sin comprometer la forma. De esta manera, el resultado no solo es bonito, sino también cómodo para respirar.
Rinoplastía cerrada: técnica menos invasiva y recuperación más rápida
Por otro lado, la rinoplastía cerrada es una técnica que utilizo cuando el paciente requiere cambios más delicados y en casos donde la anatomía nasal presenta una buena estructura de base. En esta técnica no realizo ninguna incisión externa; todas las maniobras se hacen por dentro de la nariz. Esto significa que no hay cicatriz visible y que la recuperación inicial suele ser un poco más rápida porque la piel no se eleva completamente.
La rinoplastía cerrada es ideal para pacientes que buscan correcciones sutiles: refinamiento del dorso, pequeños ajustes en la punta, reducción de una giba leve o moderada, o armonización general sin necesidad de reconstrucciones internas complejas. Es también muy útil en narices que ya tienen una punta bien definida, con cartílagos firmes y simétricos, donde no necesito una exposición amplia.
Otro punto a favor de la rinoplastía cerrada es que genera menos edema en la punta nasal durante los primeros meses postoperatorios. Es una técnica que con frecuencia recomiendo a pacientes con piel fina, personas que desean mantener resultados muy naturales y quienes no requieren manipulación extensa del armazón nasal.
A lo largo de mi trayectoria, siempre evalúo si la técnica cerrada proporcionará el control suficiente para garantizar simetría y estabilidad. Si el paciente necesita cambios estructurales mayores, opto por la técnica abierta para asegurar que el resultado sea sólido a largo plazo. Por eso, la elección nunca es por preferencia personal, sino por la anatomía específica del paciente.
¿Cómo decido cuál técnica es la ideal?
Con más de 25 años realizando rinoplastías, puedo afirmar que la planificación es la clave del éxito. Durante la evaluación, analizo distintos factores anatómicos que determinan la técnica más adecuada:
1. Calidad y grosor de la piel
La piel gruesa puede ocultar los detalles más finos de la punta nasal, por lo que necesito una estructura fuerte y definida que sostenga adecuadamente. La técnica abierta me da esa precisión. En pieles finas, puedo utilizar la técnica cerrada en casos seleccionados.
2. Forma y fortaleza de los cartílagos
Cartílagos débiles o irregulares requieren reconstrucción y suturas estructurales, lo que se maneja mejor con una rinoplastía abierta.
3. Grado de desviación nasal
Desviaciones marcadas pueden comprometer tanto la estética como la respiración. En estos casos, la rinoplastía abierta ofrece una corrección más completa y controlada.
4. Nivel de cambio que busca el paciente
Si el objetivo es transformar significativamente la forma de la punta, afinar un dorso ancho o lograr simetrías complejas, la técnica abierta es la mejor aliada. Para modificaciones más sutiles, la cerrada puede ser suficiente.
5. Cirugías previas (rinoplastía secundaria)
En revisiones o cirugías secundarias, la rinoplastía abierta es prácticamente indispensable, ya que debo trabajar sobre tejido cicatricial y estructuras previamente alteradas.
Resultados, naturalidad y armonía facial
Independientemente de la técnica que elija, mi objetivo es siempre el mismo: un resultado natural, armónico y acorde a la estructura facial del paciente. La nariz no puede verse operada, rígida ni artificial. Debe integrarse con las proporciones del rostro, mantener una forma estética en reposo y al gesticular, y respetar su función respiratoria.
La experiencia me ha enseñado que cada milímetro cuenta. Un pequeño cambio en la proyección de la punta, un ajuste preciso en el ángulo nasolabial o un refinamiento mínimo del dorso puede transformar completamente la expresión del rostro sin perder naturalidad.
Por eso, más allá de la técnica abierta o cerrada, lo fundamental es el criterio quirúrgico. Y ese criterio se forma con práctica, estudio, actualización constante y la experiencia de miles de casos a lo largo de los años.
La rinoplastía abierta y la rinoplastía cerrada no compiten entre sí: son herramientas complementarias que utilizo según las necesidades de cada paciente. Como Dr. Guanilo, con más de 25 años de experiencia, mi prioridad es evaluar minuciosamente cada estructura nasal, comprender tus objetivos y elegir la técnica que garantice un resultado natural, seguro y estable.
Cada nariz tiene una historia, una forma y un propósito. Y mi misión es acompañarte en el proceso, guiando cada decisión con precisión técnica, responsabilidad y un enfoque estético que respete la armonía de tu rostro.


















